El pasado domingo día 11, las calles de Valencia se vieron
inundadas de corredores. En los alrededores de la Ciudad de las Artes y las
Ciencias se respiraba durante todo el fin de semana alegría, ganas, nervios y
espíritu de superación. El domingo se
celebraba la trigésimo segunda edición del Maratón Divina Pastora, que para los que
no tengan claro lo que es un maratón como yo hace no mucho tiempo, se trata de
correr 42.000 metros, distancia que separa la salida de la meta. La salida estaba situada en el Puente de Monteolivete
y la meta justo debajo, en el cauce del Río Turia y se accedía a ella tras
atravesar una plataforma de más de 150 metros que flotaba sobre el agua que
rodea el Museo Principe Felipe. La carrera pasaba por Serrería, Alameda,
Avenida de Francia, Plaza del Ayuntamiento y por otros muchos puntos de la
ciudad, por lo que en casi todos los tramos había gente animando, algo súper
importante para los casi 15.000 valientes corredores que se lanzaron a acabar
este reto.
Paralela a la Maratón se celebraba la carrera 10K que
comprende 10 kilometros, gran parte de ellos compartiendo recorrido junto a los
maratonianos. Yo, que nunca he sentido pasión por ningún deporte aparte de ir
de vez en cuando al gimnasio, me decidí hace un tiempo a correrla y no me
arrepentí de ello. Lo hice animada por gente que vive esto con una pasión
incomprensible para el que lo ve desde fuera. Son gente que tiene su trabajo,
algunos ya con sus propia familia y todos ellos con responsabilidades y
obligaciones a su cargo, algo que no les impide sacar tiempo de donde parece
que no lo haya y salir a correr, ir en bici o nadar, aunque ello suponga
levantarse a las 5am en un frío Londres, ciudad donde viven algunos de ellos,
porque cuando salen de trabajar es tarde, completamente de noche y llegan a
casa derrotados y en ocasiones, porque ese es el único momento del día que
pueden disfrutar de sus familias.
Pero eso no les impide correr. Es más, sienten cada vez más
ganas de ello. Todos ellos además han hecho triatlones, una de las disciplinas más
duras que existen en el panorama deportivo actual y que combina natación,
bicicleta y correr. Algunos de ellos han hecho uno o varios “Ironman”, algo solo
apto para los más valientes y que en resumidas cuentas para alguien que no está
muy puesto en este mundillo, parecerá una locura. Se trata de la prueba más
dura del Triatlón: 3,8 km nadando, 180 km en bici y otros 42,2 km corriendo. Casi
nada.La duración media suele ser de 12 horas, pero a veces se alarga hasta 17. Pero
lo importante es llegar y convertirte en un “finisher” y entonces sentir que
todo el sacrificio previo a la prueba, ha merecido la pena.
Al principio no
llegaba a comprender porque tenían la necesidad de esforzarse tanto en algo que además, saben que nunca llegarán
a ganar porque hay gente que vive para ello (algo que mucha gente que practica
otros deportes no llega a entender). Cuando asistí a animarles a varias
carreras, poco a poco empecé a entenderlo. Llegas a sufrir y a la vez, a emocionarte. Sabes el
esfuerzo que lleva detrás y te das
cuenta de que necesitan y merecen los ánimos y gritos de la gente que los está
viendo para que cuando lleguen a la meta, les invada la satisfacción personal y
se sientan orgullosos de su esfuerzo. Nada más. Pero acaso ¿qué es lo que
realmente nos hace levantarnos cada día? Creo que es la necesidad de hacer
cosas que nos llenen y nos hagan felices. Proponernos metas, retos, y en
definitiva, tener aspiraciones para poder avanzar y acercarnos más a ellas cada
día. La vida es un camino sin meta, en el que de nosotros depende el encontrar
picos que se salgan del día a día y nos den felicidad.
Y esto lo podemos encontrar en el deporte.

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