El calendario maya se equivocaba, lo dijo ayer la NASA. El
mundo, aunque parece que se esté tirando de cabeza hacia un precipicio sin que
nadie lo podamos evitar (o solo cuatro que no lo van a hacer), por ahora no se
acaba.
Los científicos de la agencia espacial se han visto obligados a desmentir el fin del mundo
por los miles y miles correos electrónicos que les han llegado con preguntas de
gente angustiada ante la inminente llegada del apocalipsis que según la cultura
maya, llegaría el próximo día 22. No recibiremos ninguna llamarada que acabará
con nosotros, ningún asteroide destrozará lo nuestro ni chocaremos con otro
planeta, seguiremos aquí para pasar la navidad. La que será en algunas casas de
nuestro país, la primera navidad sin regalos, la primera sin poder encender la
calefacción para luchar contra el frío, la primera en la que no habrá comidas
opulentas y quizá se darán las gracias porque simplemente hay comida, aquella
que tal vez les ha llegado gracias a alguna organización como Cáritas, el Banco
de Alimentos o La Casa de la Caridad.
En lugar de preocuparnos supersticiones mayas, debería de
hacerlo más informes como el recién publicado por Intermón Oxfam en el que
alertan de que si nuestro país sigue con las políticas de austeridad y la sangría
de recortes sociales actual, dentro de diez años nada más y nada menos que el
40% de la población, será pobre. Esto,
por desgracia, si es real.
El informe también concluye
en que si seguimos el rumbo actual, tardaremos 25 años en recuperar los
niveles de vida anteriores a la crisis. ¿Pero
alguien recordará entonces aquello?
Por desgracia, si lo recordaremos los que hemos tenido la “suerte”
de haber disfrutado de esos tiempos en los que ibas al banco y te daba un
crédito hasta para irte de viaje o te daban una hipoteca sin ni siquiera
comprobar que ibas a poder pagarla durante tantos años, pero de esto, ¿hemos
tenido la culpa la gente? Aunque nos estén haciendo creer que si alegando que vivimos
por encima de nuestras posibilidades, esto no es cierto. ¿Acaso alguien marcaba
un límite? ¿Alguien nos avisó de que pagaríamos las consecuencias? Todo lo contrario.
Lo que ahora llaman burbuja, era la realidad del día a día.
Tal vez también recordemos con anhelo cómo podíamos ir al
médico y ser atendidos con calidad sin tener que reembolsar más dinero de
nuestro bolsillo que el que ya habíamos pagado con nuestros impuestos, el poder
disfrutar de una enseñanza pública y de calidad, o el que cuando seamos mayores
y nos jubilemos, tengamos derecho a cobrar una pensión.
Los que lo recordemos, si es que seguimos viviendo aquí
porque no hemos tenido que salir del país a buscar trabajo, entonces nos lamentaremos. Ya
será tarde. O tal vez todavía estemos a tiempo de intentar rectificar y parar
el rumbo que estamos siguiendo.De lo contrario ya sabemos lo que hay, cuatro
de cada diez de nosotros será pobre. Eso si, el que sea rico lo miraremos desde
muy lejos porque esta diferencia también se incrementa y lo será 15 veces más que el pobre.
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